miércoles, 18 de mayo de 2016

Huella ecológica en el mundo y en México


HUELLA ECOLÓGICA EN EL MUNDO

Hoy la humanidad utiliza el equivalente de 1.4 planetas cada año. Esto significa que ahora le tarda a la tierra un año y cinco meses para regenerar lo que utilizamos en un año.
Los panoramas moderados de la ONU sugieren que si las tendencias actuales de la población y de la consumición continúan, por el medio de la próxima década necesitemos el equivalente de dos tierras para suportarnos. Y por supuesto, tenemos solamente una.
Convirtiendo los recursos a deshechos más rápidamente que los desechos se convierten en recursos nos pone en el sobregiro ecológico global, agotando los mismos recursos de los cuales dependen la vida humana y la biodiversidad.

El resultado es el colapso de las industrias pesqueras, disminución de la cubierta forestal, agotamiento de los sistemas de agua fresca, y la acumulación de contaminación y, que crea problemas como cambio del clima global. Éstos son apenas algunos de los efectos más notables del sobregiro.
El sobregiro también contribuye a los conflictos y guerras sobre los recursos, las migraciones masivas, el hambre, la enfermedad y otras tragedias humanas – además tiende a tener un impacto desproporcionado en los pobres, quienes no pueden comprar su salida del problema al conseguir recursos de otras regiones.
Terminar con Sobregiro
La tierra nos proporciona a todos lo que necesitemos para vivir y para prosperar. Entonces ¿qué se requiere para que la humanidad viva dentro de los medios del planeta-único?
Los individuos y las instituciones por todo el mundo deben comenzar a reconocer los límites ecológicos. Debemos comenzar a hacer que los límites ecológicos sean centrales en nuestra toma de decisiones y a utilizar la ingeniosidad humana para encontrar nuevas maneras de vivir dentro de los límites de la tierra.
Esto significa una inversión en tecnología e infraestructura que permitirán que funcionemos en un mundo limitado en recursos. Significa tomar medidas individuales, y crear la demanda pública para que participen los negocios y los políticos.
Utilizar herramientas como la Huella Ecológica para manejar nuestros bienes ecológicos es esencial para la supervivencia y éxito de la humanidad. Conocer cuánta naturaleza tenemos, cuánta utilizamos, y quién lo utiliza es el primer paso, y permitirá vigilar nuestro progreso mientras trabajamos hacia nuestra meta de vivir en un planeta sustentable.

LA HUELLA ECOLÓGICA DE MÉXICO


Tenemos la mala costumbre de creer que México es un país rico y diverso en recursos naturales; tanto como si fuera un súper país con todo lo que se necesita para ser una potencia mundial.
Lo cierto es que poco sabemos de la explotación industrializada o del impacto que tenemos en la naturaleza personalmente.
La idea de que tenemos un súper país es antigua, al parecer es un sentimiento que heredamos de otras décadas y que no se ha actualizado.
Según el reporte del Global Footprint Network, en 1961 México utilizaba un tercio de su biocapacidad, pero con el crecimiento de la población y la economía, para el año 2001 ya consumíamos 1.5 veces nuestra biocapacidad, es decir, una mitad más de lo que en realidad tenemos. Esto es posible porque se importan recursos, pero también porque gastamos lo que tenemos.
La biocapacidad o huella ecológica, mide qué tanta área de tierra y agua requiere una población para producir los recursos que consume y para absorber sus desechos, tomando en cuenta la tecnología existente.
La idea es tener un medidor para que los seres humanos no consuman más recursos de los que la naturaleza puede renovar: un consumo sustentable. En un mundo sustentable, la demanda de la sociedad sobre la naturaleza está en balance con la capacidad de la naturaleza para cubrir esa demanda.
Se calcula que la biocapacidad mundial existente es de 1.7 hectáreas por habitante, es decir, si repartiera el terreno productivo tocaría de a 1.7 hectáreas por persona. De la misma forma se estima que la huella ecológica mundial promedio es de 2.8 hectáreas por habitante, lo que significa que se necesitarían dos planetas como la Tierra para satisfacer el ritmo actual de consumo y generación de residuos.
Existe un lugar en Internet donde podemos medir cuál es nuestra huella ecológica según hábitos de consumo y forma de vida (http://www.ecofoot.org/), respondiendo un cuestionario. El resultado le dirá cuántos planetas se necesitarían si todos los habitantes vivieran como usted. Es muy probable que no tengamos un súper país, pero es suficiente si logramos administrarlo bien. /milenio/ 08 de febrero de 2008.




La humanidad está viviendo confiada pero está equivocada en sentido de creer que los recursos naturales son infinitos.
Estamos en déficit “planetario” porque utilizamos un 50% más de lo que el planeta Tierra puede darnos. Devoramos recursos de manera tremenda.
El futuro es desalentador si no se cambia de rumbo, serían dos planetas los que necesitaremos, (si no son más) y si pensamos que para el 2050, cuando una población de 9 mil millones requiera alimentos, energía, vivienda y agua junto a la convivencia con el resto de los seres vivos del planeta… la situación se pone color hormiga.

Somos una población numerosa que está en franco crecimiento, que a medida que se va incrementando la calidad de vida (en unos pocos) se crea mas presión sobre los bosques, la sobre pesca se hace latente, contaminamos los ríos, los lagos, deforestamos, generamos contaminación y ni que decir del grueso de la población, pobres que deben sobrevivir y harán lo que el instinto les permita.
Aparentemente hay una solución que la planteamos a continuación, no se ha descubierto la “fórmula” para hacer oro, simplemente se ha analizado nuestra realidad, nuestros artículos que publicamos y el sentido común para proponer algunos desafíos a cumplir y que se citan líneas abajo.
Solución a la crisis ecológica.
Podríamos asegurar la convivencia de los 9 o 10 mil millones de habitantes para el año 2050 si es que sin falta y de manera rápida si logramos:
Aumentar los rendimientos en la agricultura sin aumentar su huella ecológica.
No arrasar con más bosques y potenciar las explotaciones forestales certificadas. Unos 6.000 metros cuadrados de bosque tropical desaparece cada segundo.
Optimizar el agua que se usa para consumo humano, industrial, agrícola, pecuario, minero entre otros.
Reducir la generación de sustancias contaminantes y peligrosas para darles el uso, almacenamiento, tratamiento y disposición final adecuado.
Reducir drásticamente las pérdidas y desechos de alimentos que en la actualidad significan cantidades increíbles (30% de la producción mundial que equivale a 1.300 millones de toneladas al año cuando hay en la actualidad 870 millones de personas víctimas de la hambruna).
Habilitar las tierras productivas que están degradadas o afectadas por la erosión para minimizar la habilitación de nuevos terrenos agropecuarios.
Reemplazar la actual matriz energética reduciendo drásticamente el uso de combustibles fósiles para dar lugar a las energías alternativas, renovables y limpias. Debe eliminarse los casi 700 mil millones de dólares en subvenciones al sector del petróleo y al carbón para integrar la generación de energías renovables alternativas como la solar, eólica, y otras.
Reducir el consumo de energía en todos los escenarios valiéndonos de la optimización en su uso, la educación ciudadana, el desarrollo tecnológico que favorezca a esa disminución.
Usar técnicas de regadíos más inteligentes; uso de insumos agropecuarios de última generación, que proporcionen mayores rendimientos por unidad de superficie, que sistemas agroecológicos puedan ser implementados en masa.
Implementar regímenes de gestión hídrica que abarquen a todos los involucrados para su uso y aprovechamiento para que se manejen las cuencas como sistemas vivos complejos con biodiversidad significativa bajo riesgo de extinción real. (Estiman que al día desaparecen 137 especies de plantas, animales e insectos).
Cambiar la dieta actual en los países ricos por otra que demande menos insumos. Consumir productos extranjeros conlleva silenciosamente a aumentar la huella ecológica. Comprar y consumir productos locales (obvio que en la medida de lo posible) coadyuvará a reducir la huella y colaborar nuestro medio ambiente.
Preservar la salud de los océanos dejando de convertirlos en vertederos submarinos y aprovechar con sostenibilidad los recursos que nos brinda.
Delinear y cumplir con las políticas justas en materia de comercio justo y solidario. Ya basta de subvenciones que han dejado de ser vitales, ahora hablamos de coordinar políticas incluyentes y globales que buscan el bien común.
Educar a la población, que sin la misma, es una utopía pretender dar solución a los problemas que encaramos y se agravan a medida que el tiempo pasa. La educación como base del cambio debe ser agendado como prioridad mundial.
Y la más difícil de todas… persuadir a la globalidad que los intereses económicos no deben sobreponerse sobre la vida o es que… ¿Lo billetes pueden comprar aire limpio?
¿Cuándo lo hacemos?
Inmediatamente, es este el momento de comenzar con los cambios decididamente porque como seres humanos sabemos que en nuestra naturaleza los intereses económicos son más importantes que otros factores elementales para la vida.
Debemos comenzar inmediatamente porque nos tomará tiempo el diseñar y aplicar una nueva “ingeniería de modo de vida” que sea aceptada por los países que poblamos este planeta.
Ya hemos sido testigos de tantas Cumbres, Reuniones de más alto Nivel, que sólo han representado material mediático y alharaca de qué país promete falsamente más medidas para la preservación ambiental. También están los otros, que de manera más cínica dejan en claro o lanzan la indirecta de que el cambio climático es invento de algunos y que no por ello afectarán a su maquinaria económica.

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